"Ciudad mística y guerrera
Desde los Cuatro Postes la ciudad, antes del alba, se ve bañada por un silencio pétreo. Aún no se aprecia bien la línea de murallas. Sólo algunos volúmenes se insinúan dentro del recinto, que la luz del alumbrado tenuemente define, todo recogido en sí mismo, todo silencioso y apretado, como si las piedras estuvieran todavía rezando.
Cuando ya el alba se acentúa, un alguacil apaga las luces interiores. La claridad despierta de su letargo histórico a las piedras calladas y se posa poco a poco sobre el cinturón amurallado, se cobija en los patios, trepa por los arcos y se instala en torres y espadañas.
Ya con luz adulta, la ciudad muestra nítidamente su coraza guerrera de ocho siglos, preparada para salvaguardar sus interiores de la frivolidad de nuestro tiempo."